La ingenuidad que te permita creer
El poeta del litoral se sentó después de la semifinal que se jugó en las Cuatro Hectáreas y escribió para DDT. Aquí está la columna de la pluma más destacada del TRL.

Dependiendo de la etapa que se atraviesa, cada acontecimiento conserva momentos de profunda alegría que van mudando con el pasar del tiempo. En una hipótesis despojada totalmente de toda pretensión de verdad absoluta, aflora como claro signo de madurez. Y no por eso debe convertirse en un inalcanzable horizonte, sino todo lo contrario.
El brío de la incertidumbre pasajera hace transcurrir los días hacia ese momento tan deseado y esperado con un metálico sabor en boca, como si la dulzura dependiera exclusivamente de un resultado. Sin embargo, llega más por la combinación de la constancia en la disciplina y el desfachatado atrevimiento hacia lo impredecible.
Incómoda y perturbadora posición ha sido para ambos el encuentro de este sábado, pues con tanto por definir y entrada la primavera, la empresa no dejaba de ser intimidante y desafiante. Uno por recordar cómo se sentía, el otro por desempolvar los viejos buenos tiempos, se entregaron a cumplir con los deberes que los deposite sin escalas a visualizar la meta.
Y hacia allí fueron. Sin apartarse del camino trazado hacia el sitio del tesoro y sorteando los obstáculos que se presentaron hoy, incluso algunos autoprovocados. Pero convencidos en la premisa que más resultados entrega: la de minimizar el número de pasos en falso.
¿Deslucido, calculado, disputado y aguerrido? Puede ser. Pero no perdamos de vista que, así como se asomaba por breves instantes el sol nos pincelaron emociones en las dos zonas de anotación; y sostenido como el ventarrón cruzado fue la pugna por dominar al oponente en toda su dimensión.
Cada uno esgrimiendo sus cualidades más eficaces entregaron todo a sabiendas de que hay revancha en lo inmediato para el derrotado y una nueva estrella al alcance de la mano para el vencedor. No olvidemos que en una semana hay una final de nivel nacional nada menos. Y una final la juegan sólo dos equipos, los demás quedaron en el camino.
Por Jorge Adrián Franco.
Foto: Lucía Ríos.













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