El boom de Capibaras XV: juego espectáculo, tribunas desbordadas y el lema de que “sea una fiesta de todo el rugby”
- 25 feb
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Faltaba media hora para el inicio y las gradas ya estaban repletas. Cuando el capitán Ignacio Gandini salió a la cancha liderando a su equipo y portando un carpincho de peluche gigante, el cerco perimetral directamente estaba desbordado. Una postal similar a la que se vive en cualquier fin de semana de rugby local, sólo que potenciada. La presentación absoluta de Capibaras XV en el Super Rugby Americas superó todas las expectativas. La gente rebalsó las tribunas y el equipo lo retribuyó con una actuación fulgurante para derrotar con amplitud a Peñarol, el campeón defensor.

La nueva franquicia del rugby argentino, que representa a la región del Litoral (las uniones de Rosario, Santa Fe y Entre Ríos), debutó en el Hipódromo situado en medio del Parque Independencia, el predio donde erigió su nueva casa. Hay que atravesar un largo túnel que pasa por debajo de la pista de carreras para llegar a la cancha construida en el centro de la misma. La escena se transforma. La luz de los reflectores que se refracta en el verdor del césped artificial y el vibrante hormigueo humano contrasta con el viejo paddock que, a lo lejos y en la penumbra, se erige como testigo mudo y desértico. La camiseta del nuevo equipo es azul con vivos rojos, pero las tribunas devuelven un espectáculo multicolor, ya que los más chicos fueron con las insignias de sus clubes. Las tres uniones tuvieron representación. Hasta fue un contingente de infantiles de Coronda, 120km al norte.
Los puestos de comida no dieron abasto y la cerveza se acabó en el entretiempo. La concurrencia se estimó entre 5500 y 7000 espectadores, según la fuente consultada. Para el próximo partido, la organización avisó que incrementarían la capacidad para albergar 10.000 personas sentadas. “Nos sorprendió la convocatoria”, admitió a LA NACION el CEO de la franquicia, el empresario santafesino Carlos Fertonani.
La creación del cuarto equipo argentino en el único certamen semiprofesional del continente significó todo un desafío para la región, tanto desde el punto de vista deportivo como logístico y comercial. A la complejidad que implica el esquema híbrido con que se constituyen las franquicias del interior, con participación repartida de la UAR, una pata empresaria y las uniones provinciales, se agregó que éstas eran tres. Con Rosario a la cabeza por tradición y cantidad de clubes y jugadores, Santa Fe y Entre Ríos tienen un alto grado de incidencia.
La gestión del área comercial fue concedida a Fertonani, un empresario gastronómico de Santa Fe con vasta experiencia en organización de eventos rugbísticos, entre ellos un Mundial Juvenil, Test Matches de los Pumas y las finales del Torneo Regional del Litoral. La localía también estará repartida. La franquicia está afincada en Rosario, donde viven los jugadores, y el Hipódromo se convirtió en su lugar de entrenamiento y sede de cuatro partidos de la temporada regular más los playoffs, si correspondiera. Pero también habrá dos encuentros en Santa Fe Rugby, entre ellos el del próximo sábado ante Cobras de Brasil, y uno en Paraná Rowing. El equipo también cuenta con un fuerte apoyo de los gobiernos de la provincia de Santa Fe y la municipalidad de Rosario.
La presencia de una franquicia profesional era toda una novedad y, por lo tanto, una incógnita sobre cómo respondería el público en un certamen que no termina de consolidarse entre los fanáticos del rugby en la Argentina. Que se hayan agotado rápidamente las 150 membresías para “socios fundadores”, que recibían plateas para todos los partidos en una ubicación privilegiada con servicio gastronómico incluido, más la camiseta de regalo (todo por $180.000), fue un indicio auspicioso. Entradas a precios accesibles ($10.000 las populares anticipadas, 15.000 el día del partido) y acceso gratuito para menores de 14 que fueran con la camiseta de club también contribuyó a rebalsar el estadio montado en medio de la pista de carreras.
“Queremos que sea una fiesta de todo el rugby y nadie se puede quedar afuera. El Hipódromo, al contrario de lo que ocurriría si jugáramos en un club, es un lugar neutro. Es nuestro, es de todo el rugby. Que todos puedan ser parte es lo más fuerte que tenemos”, indicó Fertonani. “Para el próximo partido vamos a poner tribunas para 10.000 personas. Hay que seguir agregando cosas para que el espectáculo sea completo. Eventos en el entretiempo y en la previa, y un cuarto tiempo abierto para que la gente se conecte con los jugadores”.
El capitán Ignacio Gandini, que había apoyado el último try en la historia del Argentino de Uniones jugando para Rosario (el Repechaje de 2017), anotó el primer try de Capibaras. El equipo podría haberse llamado Ñandúes, como se conocía al seleccionado local, pero se optó por uno que identificara a toda la región y, de paso, sedujera a los más chicos.
Identidad
El armado del equipo, como siempre, estuvo a cargo de la gerencia de Alto Rendimiento de la UAR. La elección del head coach se caía de maduro: Nicolás Galatro, formado en Olivos pero con paso por Duendes y entrenador de Dogos XV en sus primeros dos años de vida (fue campeón y subcampeón). Como asistentes, Nicolás Vergallo, ex medio-scrum del Jockey rosarino, de los Pumas y de Toulouse, que cumplió esa función en Pampas los últimos dos años, y Maximiliano Chinchu Bustos, ex pilar santafecino, que estuvo en el plantel mundialista en 2011 con los Pumas.
El plantel es un mix entre litoraleños con experiencia que estaban repartidos en otras franquicias (Gandini, Bernstein, Baronio, Rossetto, por nombrar algunos), jóvenes destacados del medio local, la mayoría ya captados por el programa de desarrollo de la UAR, y algunos refuerzos del resto del país (Mendoza, Córdoba, San Juan), especialmente para reforzar la primera línea (como el ex Benetton Enzo Avaca).
Una de las premisas que se propuso Galatro fue respetar la idiosincrasia del rugby rosarino, caracterizado históricamente por sus destrezas con el juego de manos. A pesar de ser el estreno, una instancia que siempre implica ajustes, el equipo mostró su intención de mover la pelota, lo que se tradujo en un par de tries de toda la cancha. Se destacó especialmente Ignacio Dogliani, del Jockey, quien entró a los 20 minutos como apertura en reemplazo del lesionado fullback entrerriano Tomás Sigura. Dogliani, jugador de 27 años que no formó parte del “sistema” de la UAR como la mayoría, se convirtió en la figura gracias a su atrevimiento, encarnando a la perfección la impronta de los clubes locales en el equipo. Las dudas pasaban por cómo responderían el scrum y el punto de contacto, las armas que elevaron a Peñarol a cuatro finales y tres títulos en cinco años de historia del certamen. Sin embargo, fue Capibaras el que sorpresivamente dominó con autoridad ambos aspectos (el scrum fue abrumador) y a partir de allí configuró un contundente triunfo por 34-7.
“El debut fue soñado. Estuvimos muy bien en las formaciones fijas. El scrum de alguna manera nos sorprendió, tuvimos una defensa muy sólida y cuando tuvimos la pelota tratamos de generar. Por momentos pudimos hacer cosas buenas; nos faltó el último pase muchas veces”, analizó Galatro. “El desafío ahora es sostenerlo, es lo más difícil. No nos imaginábamos tanto público. Ojalá el equipo logre contagiar a la gente y se genere una simbiosis”.
El objetivo fundamental del certamen para la Argentina es claro: desarrollar una base de jugadores con potencial de llegar a los Pumas a un nivel lo más cercano posible al del rugby internacional. Sin embargo, no puede subsistir si se limita a ser un mero experimento de laboratorio. A medida que la contribución de World Rugby disminuye (por ejemplo, este año la escasez de recursos llevó a que el torneo se dispute sin TMO), el Super Rugby Americas requiere de ingresos genuinos para asegurar su sostenibilidad. El producto ofrecido debe ser atractivo, o corre el riesgo de desaparecer, tal como sucedió con el entrañable Argentino de Uniones.
Para lograr esto, necesita partidos vistosos que capten el interés del público. Necesita que la gente se identifique con lo que ve en la cancha, fomentando así rivalidades fuertes. Lo que ocurrió en el Hipódromo de Rosario con Capibaras es una pequeña señal positiva en esa dirección.
Por Alejo Miranda
La Nación.
Foto: Lucía Ríos / Gaspafotos / Super Rugby Américas.









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