EL RUGIDO SAGRADO


El cielo y la Tierra o el día y la noche, siempre dos. El bien y el mal o el sol y la luna, siempre dos. Pero no precisamente siempre dos emparentados, cuando al mismo tiempo sean dos conectados más allá de los contrastes de por seguro limitantes. ¿Qué hace creer en lo posible? Incuestionablemente el recorrido.

Los destellos del pasado se presentaron como la energía movilizadora, pues ya era menester dejar de rondar la monotonía de lamerse las manchas.Había llegado el momento del zarpazo, del salto hacia el botín sabiéndose no sólo afortunado si no capacitado y envalentonado.

Y allá fue fruto del coraje, el esfuerzo y el heroísmo contra todos los obstáculos, sin medir los riesgos pues no los había. Aclimatarse y emprender la corajeada concentrado en lo que lo movilizó para pertenecer, ya no para ser espectador. Todo lo contrario. Un privilegiado protagonista.

El Universo se empeñó en ser el más hostil de los escenarios, lleno de bruma y sudor, midiendo cada uno de los rápidos y sigilosos pasos, apurando el avance del solsticio que le daría más épica a la gesta contra el contendiente más difícil que se pudiera construir en su camino.

Tan poderosa ha sido la transformación hacia un estrato de los más altos que, indefectiblemente, no ha pasado desapercibido. Y ya no serviría esconderse entre los claroscuros de la foresta, en este tiempo las presas ya están alertas y esgrimen sistemas de autoprotección.

Aquí está el éxito de la aventura. Cuando nadie sabía de su existencia descansaban en la comodidad del monopolio absoluto. Cuando esa monotonía los aburrió salieron a buscar nuevos desafíos. Así fue como se toparon con retadores a la altura. No sucedió de manera inmediata e instantánea. Pasaron varias vueltas durante las cuales la evolución sucedió a pasos agigantados, cruzó océanos y continentes.

Por fin sumergido en la más pintada de las tormentas, supo salir del oleaje, cruzar el desierto, subir al risco y pisar la espesura. Se acercó sigilosamente hasta los oídos del planeta para rugir con fuerza y su eco estremecedor envolvió todo lo que lo rodea. Para que quede claro que no fue de casualidad, que fue la primera vez pero no será la última.

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