Contraste

06.06.2016

 

La semana que pasó circuló por las redes sociales una foto excelente. Desde la capacidad de reacción del fotógrafo hasta el enorme mensaje que nos deja. Un jugador de infantiles se detiene a auxiliar a un rival mientras el juego sigue. Totalmente abstraído de la situación del partido. Un gesto que distingue al pibe y debe hacer reflexionar a los mayores. Sobre todo por las camisetas que portaban ambos niños. Que transformaron una  rivalidad histórica, y que marcó toda mi adolescencia como testigo, en una enemistad sin sentido.

 

Llama la atención la actitud porque no se condice con el mensaje explícito que los mayores transmitimos desde el otro lado de la, antiguamente llamada, raya de cal. Intolerancia es una palabra acorde. También agresividad. Soberbia. Descalificación del otro por portación de  colores distintos.

 

La contradicción es importante porque nos llenamos la boca mencionando el tan mentado espíritu del rugby. Nunca nadie se ocupó de los detalles del mismo a la manera de un compendio o reglamento.  Pero se supone que está constituido por una lista de valores positivos que resaltan la convivencia. Con el agregado de la inclusión (palabra muy en boga) que permita la adhesión a estos principios de los provenientes de otras actividades deportivas o sociales.

 

Me consta que se hacen esfuerzos para modificar este estado de cosas. He leído en todo tipo de escritos, folletos, carteles, libros, etc, invitaciones a cumplir con todos estos preceptos. Que no difieren en su esencia. Pretenden generar un ambiente amable para desarrollar la actividad deportiva. Tres opciones explican su falta de cumplimiento: no los leen, no los entienden o creen que no es para ellos. El mal está enfrente. Los energúmenos son los otros. Falta la ineludible pregunta: y por casa como andamos?

 

Una última reflexión. Se ha incorporado al léxico corriente del rugby la frase destrezas en el contacto. Es nuevo. Por qué? El contacto es ineludible por más elusivo que sea un jugador. Constante y permanente. En condiciones normales es así. Si desde afuera estimulamos a correr los límites de la lealtad, cuál sería la figura legal correspondiente? Dejo la respuesta a mis amigos leguleyos.

 

Creo que las decisiones al respecto son institucionales. Pero el cambio se produce día a día. Partido a partido y actuando sobre el pequeño círculo de influencia. Todos tenemos nuestro momento irascible. Algunos lo son de una manera más frecuente. Depende de nosotros producir el cambio de actitud. Y la institución deberá actuar si este no se concreta.

 

En definitiva, y sin ánimo de minimizar la pasión que genera este deporte, somos simples testigos de un partido entre niños, adolescentes y mayores que pretenden, de una manera competitiva, disfrutar del deporte que eligieron.

 

Hasta el domingo que viene. Por un rugby sano y divertido. En nombre del espíritu del rugby.

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