No crucifiquemos al rugby

 

       Luis Alberto en una de sus canciones clama. . .”y deberás crear si quieres ver a tu tierra en paz”. . . Pues de eso se trata.  Si hacemos el esfuerzo compartido, en partes iguales, y con un compromiso mayúsculo de seguro lo lograremos.   Cada uno desde el lugar que ocupa hemos hecho y seguiremos haciendo que el rugby continúe evolucionando para mejor.

       No es el rol de este espacio desoír los reclamos e inquietudes de todas las partes. Por el contrario, y en honor a la verdad, hacerlo más notorio como bandera primera y luchar por ello como fin último. Porque después de todo lo que marcará a fuego nuestro futuro es la fuerza con la que hayamos luchado en el pasado.

       En éstos días de comienzo de temporada pudimos apreciar las ansias de poder entregar un sin número de toma de decisiones cayendo en las acertadas y de las otras. Debemos entender la naturalidad en la que debe fluir todo ese compendio de emociones, aumentadas a su máxima expresión cuando las pulsaciones están en su punto más álgido, ese preciso instante en el que lo más perentorio es un manojo de nervios de hielo.

       Desde muy pequeños nos enseñan que el árbitro siempre tiene razón. ¿Puede cometer un error? ¡Por supuesto! ¡Es un ser humano! En el caso que así sea, o por el contrario para que no sea así, los jueces deben capacitarse constantemente, recibir el apoyo total de clubes y uniones, prepararlos física y técnicamente, viaticarlos, y fundamentalmente proveerles las herramientas tecnológicas indispensables para cumplir su tarea. Si en realidad estamos necesitando que su porcentaje de aciertos se acerque lo más posible a la perfección, pues entonces insistamos para agregar a lo antes enumerado la instalación obligatoria de TMO en los Torneos Nacionales y en las instancias finales de los Regionales.

       Con medidas como ésa, estaremos cumpliendo con: privilegiar la integridad física de los protagonistas, para que no se lesionen, para que entiendan cuál es la infracción que han cometido, asimilar si es correcta la sanción que se les está dando, y por sobre todo que puedan apreciar la falta de malicia en la decisión del árbitro. ¿Los jugadores también pueden cometer errores? ¡Claramente sí! ¿Por qué no? También serviría para cuidar la honestidad intelectual del responsable de impartir justicia, para no trasladar nuestro querido deporte intolerancias propias de otros deportes y de otros ámbitos.

       Con todo esto quiero decir que cada uno debe hacer su trabajo lo mejor posible, dejando un margen para la tolerancia que siempre caracterizó e hizo diferente al rugby. No desestimar ningún instrumento en pos de la evolución positiva.   Y seguir brindando los canales necesarios para hacer los reclamos y descargos que hagan falta hacer, en tiempo y forma, en los términos de hombría de bien que jamás debemos abandonar, cuyo cénit debe ser siempre el diálogo.

 

Foto: Juan Galimberti.

 

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