Si el haber es absoluto se pierde el balance

Transcurrida la etapa de grupos del Torneo Regional del centro y atento a la catarata de noticias que inundó esta semana, es un buen momento para respirar y tomar envión hacia el crecimiento.

Como bien explica Esopo en “El campesino, su hijo y el burro” es imposible conformar a todos todo el tiempo y para ello aniquilar las convicciones personales. Porque además, en el intento los efectos colaterales no deseados podrían ser más graves o incluso incontrolables.

Los caminos hacia el desarrollo no son fáciles, necesitan de una exhaustiva definición apuntada al mayor bien común. Y eso conlleva como condición prima el vértigo del salto al vacío diversificando las opciones hacia la más provechosa. Por detrás del “prueba y error” se acumula el bagaje de fallidos que los necios osan vilipendiar y los sabios llaman experiencia.

¿Cuántos de nosotros recuerda la resistencia inicial al TRL? Sin embargo con los años, no así en un principio, se asentó y creció a la par de la evolución del juego. ¿El Regional del Centro puede correr la misma suerte? Quizás sí. Hay que darle tiempo y utilizarlo como plataforma para la continuidad de calendario, para el progreso de la plantilla superior, para la integración que propone constantemente el rugby como herramienta humana y social.

No faltarán los que digan que no suma nada, que un equipo que pierde sus tres partidos de grupo llega a disputar una final, que por el contrario uno que sume una decena de puntos se queda con las manos vacías, que los clubes lo disputaron con las reservas, y hasta quizás nunca se termine de instalar y sea sólo un ensayo más por agrandar la base competitiva de los planteles de los clubes. Démosle la oportunidad. Ya sabemos lo que sucede con torneos locales cortos, aburridos, mal presupuestados y sin convocatoria.

Por otro lado, siento personalmente una enorme tristeza por la suspensión del Campeonato Argentino. Pero como toda pérdida hay que elaborarla y convertirla. Quién sabe si vuelve con aires de renovación deslumbrante. No morirá lo que deba sobrevivir. No hay que adelantarse ni criticar con subjetividad. Y aquí llego al nudo.

Siempre desprecié la superposición de roles donde el simpatizante pasional se contrasta con la imagen de inmaculada pulcritud que se pretender sostener en el tiempo. Hay que definirse. O te sumas a la crítica parcial e interesada, o te mantienes imparcial viendo en igual magnitud las dos mitades del vaso a medio llenar. No perdamos de vista la crítica constructiva. Se convierte en constructiva desde el momento en que aportan opciones y se involucran directamente en trabajar sobre el déficit. Para eso existen los mecanismos para encauzar fuerzas vivas dispuestas a multiplicar en vez de dividir. Es fácil hacer leña del árbol caído. El camino del altruismo no está preparado para todos.

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