Del banco llegó el vértigo

Por una de las semifinales del Torneo del Interior A, Gimnasia y Esgrima de Rosario derrotó por 28 a 18 a Natación y Gimnasia de Tucumán en la bombonerita del Parque Independencia.

Más de una década ha tenido que transcurrir para el regreso de GER a los puestos de privilegio en las competencias de plantel superior, tiempo suficiente para trabajar desde las bases el destino de juego y el cambio generacional indispensable para lograrlo. Entendiendo por ello un proceso lógico, constante y continuo de suma de factores a lo largo del tiempo construyendo desde lo ya hecho, en vez de destruir lo existente para comenzar infinitamente desde cero.

Merecidas y lógicas son las sonrisas abarcativas, los brazos levantados hacia el cielo y todos los interminables abrazos que intentan preservar este presente colorido llamado invicto. Nadie les regaló nada, se redoblaron los esfuerzos dentro y fuera de la cancha, concientizados ya de los frutos del compromiso conjunto de tirar todos al mismo tiempo y en la misma dirección.

Me voy a permitir el atrevimiento de expresar una sensación personal, nacida ésta en el más puro sentido de la empatía con los deportistas. Lejos de las viejas presiones limítrofes con la subyugación y siendo en su gran mayoría los mismos jugadores, viven un aquí y ahora diametralmente opuesto. Ya no los marea la contradicción de tantas efusivas directivas de desarrollo. Por el contrario, el cuerpo técnico actual parece dispuesto a absorber ellos todas las tensiones y, con un tono firme pero conciliador dirigir la máxima concentración a las situaciones de juego y en las prioridades.

Mientras el primer tiempo del partido se convirtió en una lucha constante de defensas, el conjunto tucumano jugó muy bien al contraataque provocado, obteniendo la posesión en los ruck y los scrum para patear a campo rival buscando el error no forzado y el desorden defensivo, en pocas palabras fue prolijo y certero en hacer lo básico. El local aceptó el guanteo pero lo superaron los errores de manejo y la lentitud de la utilización de la pelota.

Modesto fue el hambre del visitante por llevarse el partido. Y ni lerdos ni perezosos los mensana metieron mano a los relevos. Ese golpe de timón a tiempo le imprimió el vértigo y la velocidad que demandaba el partido. Los errores no desaparecieron pero, al jugar con otro ritmo y decisión, se pudo decorar en los últimos veinte minutos una victoria cocinada a fuego lento en los primeros sesenta.

Más alegrías acrecentando el récord positivo hacen colorido al paisaje de las tribunas. Ni hablar de aquellos que sin camiseta alguna disfrutamos de un balón vivo, pasando de mano en mano usando todo el ancho de la cancha, llenando nuestras retinas del placer entregado en esta oportunidad por Gimnasia y por Natación. En cada oportunidad que se nos presente seguiremos gritando “¡que viva el rugby!”.

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