Jaguares cortó la racha negativa

Tras cuatro derrotas al hilo, venció 46-39 a Sunwolves, de Japón. La franquicia argentina sufrió más de la cuenta para ganar el match.

Queda esa imagen del final con el triunfo, es cierto. Pero también queda ese resultado que se dio vuelta sólo por el amor propio de un equipo que durante 60 minutos jugó, quizá, el peor partido de rugby de sus menos de dos años de vida. Queda ese estupor de unas 6 mil personas que fueron a Vélez a ver mucho más que una victoria de Jaguares frente al conjunto más flojo del Super Rugby que, en definitiva, estuvo cerca de lograr una victoria histórica ya que ganaba a 10 minutos del final. Quedan esas dudas cada vez más grandes de un equipo que, además, es irregular. Y, lo que es peor, intrascendente.

Más allá del 46 a 39 para cortar una racha de cuatro derrotas al hilo, la actuación de Jaguares frente a la franquicia japonesa fue muy floja. Porque en el balance se defendió y se atacó mal y eso sucedió por una falta de actitud alarmante (más allá de ese lapso del cierre). Y ahí radica la preocupación por el presente del equipo.

En aquel espacio que fue hasta los 20 minutos del segundo tiempo, Sunwolves jugó como más le convenía y cada vez que tuvo la pelota, lastimó. Los visitantes salieron decididos al cambio del golpe por golpe y Jaguares, en vez de jugar corto, con percusión en las formaciones, se sumó a esa propuesta. Así le fue. Pero, además, no sólo fracasaron los argentinos ante la defensa sino que esa defensa inteligente del adversario permitió una rápida pesca para golpear con la velocidad del contraataque.

El partido empezó de la misma manera que en la derrota con Sharks:pasó apenas un minuto y Tupou llegó al try tras un preciso rastrón a espaldas de la línea de tres cuartos. Demasiado sencillo, de manual. Y otra vez a sufrir con los nervios y la presión de un equipo que jamás encontró las respuestas adecuadas ante la falta de inteligencia para tomar las decisiones más acertadas.

Desde ese momento el juego se transformó en una lotería. La moneda fue al aire una y otra vez y sólo hubo tiempo para rezar y esperar que cayera para el lado de Jaguares. Claro que no siempre fue así. A un try de Senatore le siguió uno de Emi. Y al de Boffelli, el de Tamura. Y a éste, un try penal cuanto menos polémico sancionado por el sudafricano Van Heerden luego de que Creevy optara dos veces por la fórmula de line y maul.

El inicio del complemento fue más de lo mismo. Y causó una mayor desilusión observar como se desperdiciaban las chances por errores propios a centímetros del ingoal. Creevy aportó el primero de sus dos tries y, sin embargo, Tamura y Wykes pusieron un 39-27 parcial y también lapidario que, además, fue maquillado con algunos silbidos de un José Amalfitani que pareció gigante ante tan escaso marco de público.

La corajeada de Alemanno tras un penal rápido jugado por Landajo le dio vida a Jaguares. Enseguida, otra vez Creevy (line y maul) y Moroni luego de un buen sombrerito de Díaz Bonilla (¿y si Raúl Pérez le da más confianza?) aportaron sendos tries que sirvieron para evitar un papelón que luego no se concretó porque, tal vez por primera vez, la defensa respondió de una manera acertada.

La diferencia con Sharks sigue en ocho puntos. La distancia en los números para aspirar a los playoffs es amplia pero no decisiva. Lo que precupa -y mucho- es de qué manera cambiará Jaguares para revertir esa distancia.

Fuente: Clarín

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