¡Y que viva el rugby!

Difícil semana, teñida de exorbitantes y parciales opiniones  sobre reglamentaciones, deberíamos ejercitarnos sobre las bases.  ¿Soy crédulo? Si. ¿Soy un romántico seguidor de las utopías? Absolutamente.  Recorrer el camino de la objetividad, aún cuando no sea perfecta sino perfectible, es claramente el más difícil, pero es premisa.  Da tristeza ver, escuchar y leer a referentes de la comunicación a nivel nacional que ya peinan canas saliéndose de sus cabales de manera unilateralmente subjetiva y contraria a sus incompatibles obligaciones institucionales y morales.

 

  Detrás de todo esto, y concentrándonos en nuestro terruño más cercano, se dio comienzo al Torneo Regional del Litoral. Por lejos el más entretenido, el más cambiante, el de más paridad, el (gracias a Dios) menos “cheto”, el más leal. Y podría llenar páginas nombrando virtudes y también defectos del torneo más lindo del país. Pero es, si se me permite semejante desatino periodístico, el que más amo. Porque no voy a favor de ninguna camiseta. Porque voy por detrás de las alegrías que nos da una ovalada pasando de mano en mano.

  Hubo que buscar reparadora sombra en el Parque Independencia para no sufrir los efectos de un Febo que resiste el avance del equinoccio, y prepararse para el ritual. La gente, el color, las ansias del debut, el aroma a menthol en los vestuarios, las familias. Ante el pitazo inicial ya no hubo tiempo para últimas directivas.  Y ver el espectáculo de tantos comiéndose las uñas fue todo uno.

  Provincial conserva para este litoral todo el bagaje traído desde el Torneo del Interior e intentó mostrar los motivos que lo convirtieron en centro de charlas en varios puntos del país.  Defensivamente se hizo todo lo alcanzable y más. Como muestra está un pasaje de veinte minutos acontecido durante la segunda mitad, en las que la defensa trabajó a destajo y productivamente.  Quizás le faltó suerte, quizás estar más aceitados en ataque.  Los errores de manejo los privó de más puntos a favor. Los errores en los lines out les quitó oportunidades de pelotas propias para el lanzamiento de despliegue.

  Y enfrente un Jockey mixto de impetuosa juventud y experimentadas estrellas.  Ese plantel que se reordenó para el Torneo Nacional, renovado con sangre promovida desde inferiores, y con la inevitable sed de revancha que arrastra desde varios lustros sin alzar los brazos sosteniendo algún trofeo.  La fuerza de los delanteros lo llevó a ganar terreno, la magia de su apertura les aportó panorama y la velocidad de los backs les llenó las gargantas de gritos de try.  No fue tarea fácil.  Pero mostraron paciencia para amasar la victoria a fuego lento y decorarla con letal frialdad en los últimos ocho minutos de partido.

  Será una anécdota la victoria o el tanteador.  Lo que no debe pasar desapercibido es la tremenda emoción que da el surgimiento de un pibe de proyección internacional salido de las categorías menores de nuestros clubes.  Cuando entran en el circuito de los triales, Pladares, convocatorias nacionales y algún seleccionado sub nos eriza la piel.  Ni hablar de lo inigualable de vestir en el pecho un Jaguareté. Y son nuestros. Se destacan, sobresalen.  Como charlamos con los colegas: “este pibe juega a otra cosa”.

  Y sí. Está prohibido sentir vergüenza de decirlo. Porque además es imposible esconder lo inevitable.  Si no se apuran a contratarlo para que se quede en el país, lo tentarán los cazatalentos del exterior.  Por todos esos pibes que nos inflan el pecho de orgullo rosarino, ¡SALÚD!

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