BOMBEROS

20.09.2016

Pese a que no contamos con una estructura adecuada para apagar el fuego los argentinos nos caracterizamos por intentar hacerlo una vez que la destrucción es irreversible.  

 

Triste analogía la del título. Pero es nuestra cruda realidad. Y puede que, repitiendo la triste experiencia, alguna vez seamos capaces de prevenir. 

El tema que nos ocupa ,y que deja en un segundo plano lo estrictamente deportivo, es la reiteración, tres en un año, de las lesiones graves de columna cervical.  

No estamos hablando de lesiones reversibles. Implican parálisis de distinta magnitud y condenan de por vida a una silla de ruedas.  

Siento que, una vez más, estamos actuando sobre las consecuencias. No me excluyo de la responsabilidad que, como partícipe antiguo de este deporte, he asumido. 

Todo este prólogo para comentar que la UAR ha convocado a un Comité de Expertos para analizar los problemas derivados del scrum. Me parece una decisión excelente pero tardía.  

Hace mucho tiempo que el scrum es un serio y riesgoso problema. Y no solo en los planteles superiores. De infantiles a juveniles se pasa de "el no empujar" en esta formación, sin transición, al límite de un metro en la progresión sin ninguna diferencia con el rugby adulto. Con el agravante que, hasta los 14 años, no han recibido enseñanza alguna sobre esta fase del juego. 

Agrego: sin ninguna, salvo excepciones, formación física específica ni práctica de la técnica individual. 

El colapso de la formación de manera reiterada se ha instalado en nuestro medio como una circunstancia casi natural en los partidos de primera. La World Rugby ha intentado distintas fórmulas para intentar solucionar el problema. Comenzaron con un ingreso de cuatro tiempos. A pesar que se suprimió la embestida en el contacto, como hecho favorable, no se logró reducir en forma notoria los derrumbes. Se redujo a tres el número de tiempos y se sostuvo la necesidad de la orden arbitral para el ingreso de la pelota. Igual. 

Yo creo que este es el punto clave. Los árbitros estiman que es más seguro permitir arrojar el balón cuando el scrum está estable. Pero no entienden que la demora desestabiliza. Hay tres personas sosteniendo a cinco que están intentando frenar su fuerza. Generalmente, si el tiempo se prolonga, se produce el efecto inverso. 

No estoy exculpando a los primera línea por una cuestión corporativa. Todo lo contrario. Hay trampas y tramposos. Pero también es un desafío cuerpo a cuerpo que uno quiere ganar. Adrenalina de por medio uno no cree en los riesgos. Uno es omnipotente en ese momento.  

Tampoco es fácil referear el scrum. A veces ni los mismos partícipes saben lo que sucedió. Si me resbalé, perdí apoyo, se me soltó un segunda línea, etc. Por lo tanto se ha simplificado. Un penal para acá otro para el rival. Surgió, de manera espontánea, lo que he dado en llamar "la cultura del penal". Todos festejamos cuando nuestro equipo obtiene un penal desde un scrum. Pero ese no es el objeto. Nos privamos de la mejor pelota de ataque (y la más difícil de defender) que existe en el rugby.  

Qué hacer? Dentro del reglamento lo que se me ocurre es lo ya dicho respecto de la echada del balón a lo que agregaría un límite de altura en el ingreso de los primera línea. Respecto del juego: incorporar el entrenamiento de destrezas específicas en edades tempranas y adoptar una progresión para incorporar el scrum al juego y no hacerlo de una manera abrupta. 

 

Preocupación. A pensar soluciones. Hasta la semana que viene. 

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