LOS TIGRES DE BARRIO GRÁFICO

13.09.2016

Por razones obvias, por lo menos para mí, intento evitar hacer comentarios vinculados a mi club. Pero una pretendida virtud puede tornarse defecto cuando lo que está de por medio es la difusión de un hecho auspicioso.

 

El origen de la historia merece un breve relato. Promediando 2015 una división de infantiles, sábado por la mañana, estaba entrenando en lo que, de entrecasa, denominamos Fideicomiso. No es otra cosa que las canchas de fútbol (también de rugby, según necesidad y horario) que existen del otro lado del puente de madera que une el sector de Hockey y Equitación con ese predio. Del otro lado del alambrado unos chicos del barrio comenzaron a tirar piedras hacia los pibes que practicaban. El entrenador, lejos de tomar una actitud temerosa o, lo que es peor, de repeler la agresión, se acercó, conversó con ellos y los invitó a compartir el juego. Les propuso enseñarles en su barrio los secretos de nuestro deporte. 

 

La palabra fue cumplida y desde hace un año, aproximadamente, los sábados por la mañana un grupo variado (comparten su participación en este emprendimiento con la colaboración con otros equipos del club) pero con los líderes iniciadores siempre presentes se les enseña rugby.  Además, se ha logrado un importante complemento con gente de la parroquia vecina quienes aportan desde lo social (desayuno, terceros tiempos, reuniones bajo techo cuando el tiempo no acompaña).

 

El movimiento ha sido constante y progresivo. No hay entrenador del club que no haya pasado una mañana de sábado compartiendo con Los Tigres. El club se ha movilizado y la CD autorizó utilizar las máquinas para nivelar el terreno. Tienen camisetas y alguno ya está jugando formalmente en Los Caranchos.

 

La gran fiesta sucedió el último sábado. En realidad se reemplazó una por otra. La original, frustrada por motivos burocráticos, consistía en participar como invitado en el Torneo M12 Diego Estevez. La que se concretó: jugaron un partido con Virreyes (club pionero en actividades inclusivas) y compartieron un entrenamiento con el equipo de primera del Jockey.

 

El futuro está encaminado a fortalecerlos institucionalmente. Dejar sentadas las bases para la conformación de un club de barrio. Con todo lo que ello significa en momentos de desaliento de la vida comunitaria. El desafío está en marcha.

 

Un último análisis: el rugby pretende ser inclusivo socialmente. La cruda realidad dice lo contrario. Este tipo de acciones, fruto de la ocurrencia genial de un inspirado entrenador, no tiene un respaldo institucional por parte de los políticos. Hablo de los que nos gobiernan y de los que conducen el rugby.  Decimos que es una escuela de vida. Pero, pregunto, para unos pocos elegidos?

 

Hasta la semana que viene.

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