Super Rugby

25.07.2016

Se está terminando la primera edición de este torneo en el cual, por primera vez, intervino un equipo argentino.  Los amantes de este deporte hemos puesto, por lo tanto, mayor atención que en otros años en el devenir del certamen.

 

Que es lo que hemos podido observar? Un  altísimo nivel de destrezas ejecutadas a una velocidad superior con una intensidad y continuidad difícil de imaginarse. La otra pata de esta estructura: condición física de atletas de élite.

 

Es un rugby distinto del que desarrollan una gran mayoría de estos interpretes en sus respectivas selecciones nacionales. Pareciera que la consigna predominante en este ámbito es la de mantener la pelota viva a cualquier precio y en cualquier circunstancia (se puede ver en medio de un diluvio). El juego es más desordenado, el cambio de posesión más frecuente y los errores de manejo, por llevar la exigencia al límite, suceden con mayor asiduidad. Si es mejor o peor es absolutamente opinable. Es lo que se puede apreciar.

 

No hay ningún cambio en el orden de mérito. Nueva Zelanda está a la cabeza se plantee el análisis desde cualquier punto de vista. La cantidad y calidad de sus jugadores es envidiable. Y en los puestos claves de este deporte (medios, full backs y wings) cuentan con una variedad de alternativas envidiables. Aaron Smith, Weber, Perenara y Kerr Barlow por nombrar medio scrums, Cruden, Barrett y Sopoaga entre los aperturas y Dagg, Mac Kenzie y Ben Smith como número 15.

 

Como está la Argentina en ese contexto? Cortos de plantel en primer término. Con un enorme progreso en las destrezas individuales pero con dificultades para su ejecución cuando la presión y la velocidad aumentan. Se hace notoria la falencia cuando la necesidad de reposición defensiva es mayor por la velocidad que el rival le imprime al juego.

 

Las perspectivas son buenas. Por un lado el famoso derecho de piso (conocer el detalle del día a día de la competencia) ha sido pagado. Habrá que seguir trabajando para ampliar la base de jugadores entrenados para competir en ese nivel de destrezas individuales.

 

Un último párrafo para dejar en claro que estamos hablando de rugby profesional de alta competencia cuya base de sustentación son los clubes. Y, sin lugar a dudas, los fondos que pudieran surgir de ese ámbito debe ser volcado a mejorar la calidad de los torneos de rugby amateur , promoviendo el deporte, aumentando el número de jugadores y su calidad individual y colectiva.

 

Que así sea. Hasta la semana que viene.

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