Wilde

Cualquier desprevenido podrá creer, luego de la lectura del título de esta columna, siempre vinculada con el rugby, que estoy haciendo referencia a la calle de Rosario que vincula a tres clubes que practican este deporte.

Sin pretender hacer de esto una novela de suspenso no tiene ninguna relación con lo antedicho. Se refiere al novelista Oscar Wilde.

Como podría estar cometiendo un plagio por partida doble es mi obligación contar la verdad. Leyendo en La Nación on line esta mañana de domingo, altamente propicia para ese menester, me encontré, en la columna semanal del periodista y escritor Jorge Fernandez Díaz, una frase que el autor atribuye al famoso literato británico: “la experiencia no tiene ningún valor ético, es, simplemente, el nombre que damos a nuestros errores.

Y sucedió, cosa sumamente frecuente en quien esto escribe, que, inmediatamente, apareció en escena el rugby. El enlace es poco transparente. Pero existe y pasaré a explicarlo.

Hace unas semanas atrás y, a propósito de la sucesión de derrotas de los Jaguares, escribí que nuestras expectativas nacionales, en lo que a los deportes se refiere, son siempre desproporcionadas. Que los Jaguares estaban haciendo experiencia y fogueando jugadores en una competencia de muy alto nivel.

La falta de experiencia produce derrotas como las del viernes pasado. Un rival de muy bajo nivel que, tranquilamente, pudo haber perdido con dos jugadores más y , sólo, cuando sobraban tres y había hectáreas de campo para atacar, pudieron dar vuelta el marcador.

Las acciones de Lavanini y Herrera fueron bien penalizadas. Ambos han repetido ese gesto, particularmente el segunda línea, en numerosas oportunidades. A nivel individual daría la impresión que la experiencia (siguiendo la definición de Wilde) no ha sido capitalizada.

Queda la esperanza que, a nivel colectivo, se produzca un cambio. Los gestos de los jugadores argentinos (el tan de moda lenguaje corporal) respecto de sus compañeros sancionados no era de complacencia precisamente.

Creo que es la deuda fundamental de este equipo. Una característica de nuestro país, mal que me pese y nos pese, es la indisciplina. Que creemos suplir con garra, improvisación y creatividad. En el mundo del rugby nos saben indisciplinados. Me parece que somos sospechosos a priori. En todas las facetas del juego.

La tarea es identificar los errores y corregirlos. Es la utilidad de lo que llamamos experiencia.

Alto. Parafraseando a un prestigioso periodista deportivo rosarino y conciliando dos pasiones: el rugby y la escritura podría seguir con esto un rato largo. El riesgo es que el lector se aburra.

Hasta el próximo partido.

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